Tecnologías

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¿Carros de combate sigilosos?

Varias tecnologías de vanguardia podrían conseguir que los tanques del futuro fueran más difíciles de detectar, lo que indudablemente tendría implicaciones estratégicas.

No se trata de que una tecnología cambie las reglas del juego, no se trata de un desarrollo aislado, sino que sería el resultado de la convergencia de múltiples tendencias y, por lo general, de la combinación de múltiples tecnologías.

En ese contexto, un grupo de tendencias tecnológicas puede estar convergiendo para producir una capacidad potencialmente transformadora del campo de batalla: “carros de combate sigilosos”. Este concepto no es nuevo y no hay ninguna certeza de que estas nuevas tecnologías vayan a ser plenamente efectivas o eficaces desde el punto de vista operativo. Pero a medida que se desarrollan, sugieren posibilidades que merecen un debate serio sobre su posible aplicación a los vehículos blindados, así como sobre sus implicaciones operativas y político-estratégicas.

Por “sigiloso” no entendemos invisible. Más bien, se trata una colección de tecnologías diseñadas para reducir la firma observable de un objeto, dificultando así su detección. Incluso si es temporal o incompleto, el sigilo proporciona una ventaja táctica significativa.

Para que un tanque sea “sigiloso”, deberà enmascarar u ocultar sus principales cualidades observables. Específicamente, los tanques son ruidosos y emiten calor. Por lo tanto, la construcción de un “tanque sigiloso” requeriría la reducción de estas firmas, resultando en un tanque más silencioso con una firma de infrarrojo baja.

De las dos, el calor es la de mayor preocupación, ya que la mayoría de los sistemas de observación utilizan infrarrojos. Investigaciones recientes sobre láminas de grafeno empapadas de iones ofrecen una posibilidad sorprendente. Este material delgado y sencillo puede proteger la firma térmica de un objeto e incluso igualarla con la temperatura circundante si se manipula activamente. Aplicadas a la superficie de un tanque, las láminas de grafeno podrían eliminar o reducir significativamente la firma IR de un tanque.

Si este concepto se amplía de manera efectiva, de lo cual no hay certeza, su implementación puede ser más simple y más rentable que las opciones actuales de camuflaje contra los infrarrojos.

Los sensores de infrarrojos son omnipresentes en los ejércitos modernos y muchos misiles antitanque, como el Javelin FGM-148 americano, están guiados por ellos. Enmascarar su firma en un tanque dificultaría, tanto la detección como la puntería con municiones de precisión.

Los avances en los vehículos eléctricos también pueden contribuir al sigilo, al reducir el ruido y el calor. Actualmente, un equipo de contratistas de defensa, entre ellos SAIC y Lockheed Martin, está trabajando para construir el primer prototipo de tanque eléctrico estadounidense; se espera que se construyan dos vehículos de demostración para 2022. Por otra parte, el Ejército de EE.UU. ha expresado su interés en los vehículos militares que generan su propia electricidad.

Si bien el peso de la batería es un problema para los vehículos eléctricos, especialmente para los tanques que tiene alto consumo de energía, que requeriría una energía sustancial eléctrica, se podría considerar un enfoque “híbrido en serie” como el Chevrolet Volt original o un enfoque “híbrido paralelo” como los submarinos diésel. Esto requeriría un cuidadoso equilibrio entre los requisitos de peso de la batería y la simplicidad.

Este sigilo pasivo está bien, hasta que se necesita hacer un disparo y así revelar la posición. Pero incluso en este caso, existen varias opciones para conservar la ventaja del sigilo. (Por supuesto, las maniobras defensivas para evitar la detección y el contrafuego son, y seguirán siendo, una habilidad fundamental para los conductores de tanques.)

A medio plazo, redes y sensores avanzados, combinados con la robótica emergente, podrían crear un modelo de “buggy de cañón” similar a los conceptos operativos preliminares al avión F-35. En este caso, los “tanques sigilosos” no haría fuego por sí mismos, y en su lugar dirigirían plataformas autónomas remotas que harían los disparos. Estas plataformas servirían como artillería móvil orgánica y apoyo de fuego indirecto, en un enfoque de la guerra centrado en la red, permitiendo que el tanque coordinador permanezca indetectable.

A largo plazo, existe la posibilidad de armas más sigilosas. La miniaturización y la aplicación táctica de las armas avanzadas de la primera etapa, como las armas de energía dirigida o el cañón electromagnético, tienen un gran potencial, si se desarrollan lo suficiente y superan sus limitaciones actuales, como las necesidades energéticas. La energía dirigida sería verdaderamente sigilosa en el sentido de que no tiene un perfil visual o audible, pero es poco probable que sea tan destructiva como el cañón electromagnético. Un modelo ideal podría usarlos en una disposición coaxial.

Si estas tecnologías se combinan para permitir el sigilo integral de los vehículos militares terrestres, el beneficio clave sería la supervivencia. Al eludir la detección, los “tanques furtivos” serían mucho menos vulnerables y, por lo tanto, podrían tener mayor flexibilidad en el campo de batalla, abriendo oportunidades para una mayor imprevisibilidad operativa.

Este concepto de “tanques sigilosos” tiene importantes implicaciones político-estratégicas: la mayor capacidad de supervivencia reduciría los riesgos políticos y podría dar lugar a despliegues más ligeros y rápidos, permitiendo una aplicación más regular de esa capacidad. Si la tecnología de ocultación permitiera el desarrollo de tanques más ligeros y rápidos, podrían añadir potencia de fuego a las brigadas Stryker, emplearse en una gama más amplia de tareas operativas e incluso contribuir a operaciones especiales y conflictos híbridos.

A pesar de las aparentes ventajas, existen limitaciones en la implementación de esta tecnología. Una potencia eléctrica significativa es fundamental para permitir la mayor parte de la tecnología necesaria para el sigilo, pero el peso y la eficiencia de las baterías serán un factor limitante. Dicho esto, la creciente adopción de vehículos eléctricos comerciales probablemente acelerará los desarrollos en esta área, y la reducción de los requerimientos de combustible de la flota blindada actual tendría importantes implicaciones estratégicas y operativas en sí misma.

Todos los aspectos de este concepto necesitarían pruebas exhaustivas para explorar las oportunidades, riesgos y limitaciones de los vehículos terrestres sigilosos. Sin embargo, la convergencia de avances tecnológicos individualmente interesantes, aunque no obviamente significativos, tiene el potencial de revolucionar una de las facetas más críticas de la guerra terrestre. Un sigilo exhaustivo tendría implicaciones de amplio alcance para los futuros conceptos operativos y la toma de decisiones estratégicas.

Aunque pasarán décadas antes de que alguien entienda verdaderamente estas implicaciones, es imperativo comenzar a conceptualizar una realidad en la que los “tanques sigilosos” acechan el futuro campo de batalla.

Fte. Defense One

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