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Japón está considerando transformar buques en portaviones

Destructor-helicópteros clase Izumo

Japón, una vez líder mundial en portaaviones, se prepara para volver al mundo del ala fija embarcada. El país del Pacífico, se está preparando para revertir décadas de política militar no ofensiva e integrar aviones de combate de ala fija en los llamados ” helicopter destroyers” para contrarrestar el poder aéreo chino.

En el momento del ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, Japón era una superpotencia en cuestión de portaaviones, ya que tenía más que cualquier otro país incluido Estados Unidos, además de que disponía de pilotos altamente adiestrados durante años de guerras. Poco más de cuatro años después, todos menos uno de sus portaviones estaban en el fondo del mar, y la mayoría de los pilotos muertos en combate.

Japón, que se reinventó bajo el control estadounidense como país pacifista, descartó las armas de guerra “ofensivas”, como la infantería de marina, aviones bombarderos y portaaviones. Si embargo durante décadas, la Armada de Japón, la Fuerza de Autodefensa Marítima, ha estado planeando calladamente el regreso a la aviación naval. Con el paso de los años, ha ido construyendo barcos con más misiones aéreas en mente, desde destructores con grandes plataformas de aterrizaje de helicópteros hasta barcos de aterrizaje de cisternas con plataformas de vuelo que incluyen la cubierta completa del buque.

Los últimos barcos de aviación de Japón, los ” helicopter destroyers” de la clase Izumo, son portaaviones en todo menos en el nombre. El Izumo y su gemelo Kaga parecen portaviones en miniatura, con una isla, una plataforma de vuelo de 814 pies de largo, un amplio hangar y ascensores que hacen transbordo entre la cubierta de vuelo y la isla. Con 27.000 toneladas, los barcos son aproximadamente un tercio del tamaño de los super-portaviones de la clase Ford de la Armada de Estados Unidos.

Los Izumo y Kaga se construyeron para embarcar hasta 14 helicópteros antisubmarinos SH-60K Seahawk y tiltrotors V-22 Osprey, para eliminar de las aguas vecinas a los submarinos enemigos o para actuar como plataformas para los V-22 Osprey que vuelan a islas distantes del archipiélago japonés. Aunque ambos barcos podrían acomodar teóricamente la versión de despegue vertical y aterrizaje del Joint Strike Fighter, el F-35B, en su momento se pensó que modificar los barcos para el caza furtivo era políticamente arriesgado y demasiado caro.

Sin embargo, según el servicio de noticias Kyodo de Japón, el gobierno japonés está “reflexionando” sobre un plan para comprar aviones F-35B y convertir al Izumo en un portaaviones de pleno derecho. Tokio ya planea comprar 42 F-35A, la versión del avión que equipa a la Fuerza Aérea de EE. UU., y podría modificar su pedido, para incluir algunos F-35B o simplemente pedir más aviones.

Si el gobierno japonés sigue adelante con la propuesta, los portaviones Izumo deberán regresar al astillero de Yokohama para realizar importantes cambios de diseño. La cubierta de vuelo necesitará un nuevo recubrimiento termo-tolerante para resistir el calor extremo del escape del F-35B durante el despegue y el aterrizaje y, el sistema de armamento Phalanx montado en proa, diseñado para destruir misiles atacantes, probablemente tendría que ser eliminado ya que es un peligro para aviones más grandes.

También se tendrá que reservar espacio en el hangar para almacenar más combustible de aviación y armas aéreas. Igualmente, habrá que instalar la versión marítima del Automated Logistics Information System (ALIS), que coordina las reparaciones y piezas de repuesto de la flota F-35 en todo el mundo. Con estas modificaciones, resultará en un hangar más pequeño.

La conversión de los helicopter destroyers a portaaviones es un proceso costoso: el Izumo probablemente podría llevar unos diez F-35B a la vez, pero una docena de aviones, incluidos sus repuestos, costarían alrededor de 1,4 mil millones $; convertir la nave en sí podría costar otros 500 millones de dólares; por lo que, todo el proceso podría costar aproximadamente el 5 por ciento del presupuesto de defensa anual de Japón; el total de convertir al Izumo y al Kaga supondría un costo global total de unos 4 mil millones $. Y todo ello para poner solamente a 20 aviones de combate en el mar, mucho dinero y una píldora difícil de tragar para un país que gasta un poco más del 1 por ciento de su PIB en defensa y está sumido en una gran deuda pública.

Desde la perspectiva de Japón, sin embargo, existen pocas opciones. Japón está particularmente nervioso por el creciente número de vuelos militares chinos en el extremo sur de la cadena de islas japonesa, que están más cerca de Taiwán que de Tokio, donde los cazabombarderos y bombarderos de la Fuerza Aérea de China han volado varias veces más allá de las islas japonesas. También está la cuestión de las islas Senkaku, que son propiedad japonesa, situadas en el cercano Mar Oriental de China, y que China reclama como islas Diaoyu.

Mientras que varias bases aéreas importantes chinas tienen dentro del alcance a ambas regiones, Japón tiene una base aérea única en la isla de Okinawa, que también funciona como aeropuerto civil regional. La Base Aérea de Naha, hogar de aproximadamente 40 cazabombarderos F-15J japoneses, es la responsable de responder a las incursiones aéreas chinas. En tiempo de guerra, este campo de aviación probablemente sería aplastado por los misiles balísticos chinos, dejando a la parte más al sur de Japón sin poder aéreo. Agregar un portaaviones permitiría a Japón colocar un aeródromo flotante donde quisiera, aumentando las defensas regionales.

¿Pero qué pasa con la prohibición constitucional de Japón de tener portaaviones? Legalmente, la prohibición es en realidad contra los “portaaviones de ataque” destinados a proyectar poder aéreo ofensivo contra otro país. La clase Izumo armada, con aviones F-35B sería técnicamente un portaaviones “defensivo” destinado a proteger el espacio aéreo japonés.

Fte.: Popular Mechanics

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