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Japón podría tener el mejor submarino furtivo (no nuclear) del mundo

Submarino Soryu class

La Segunda Guerra Mundial enseñó a Japón valiosas lecciones. La primera, no iniciar guerras, una conclusión obvia que se tomó muy en serio. Otras lecciones son consecuencia del bloqueo aéreo y naval al que fue sometido por los aliados, que llevó al país al borde del hambre.

Por eso, Japón, pobre en recursos y tierra cultivable, para sobrevivir a la próxima guerra, necesita mantener abiertas las rutas aéreas y marítimas y, para que esto suceda, debe tener fuerzas navales y aéreas de primer nivel.

La flota de submarinos de posguerra de Japón es una de las mejores del mundo. Con un total autorizado de veintidós submarinos, es una también una de las más grandes.

Japón construye sus propios submarinos entre Mitsubishi Heavy Industries y Kawasaki Heavy Industries, ambas con sede en la ciudad portuaria de Kobe.

Japón adopta un enfoque iterativo para la construcción de submarinos, introduciendo una nueva clase, basada en las anteriores, aproximadamente cada veinte años.

La clase actual, Soryu, se basa en la Oyashio anterior, y entre las dos clases forman la totalidad de la Flota. Los Soryu presentan un alto grado de automatización, reduciendo el tamaño de la tripulación a nueve oficiales y cincuenta y seis tripulantes; reduciendo así diez miembros con respecto a la clase Harushio de mediados de la década de los 90s.

Con 4.200 toneladas sumergidas, los nueve submarinos de la clase Soryu son los más grandes construidos por Japón en la posguerra. Cada uno mide 275 pies de largo y casi veintiocho pies de ancho. Su autonomía es de 6.100 millas náuticas y, según los informes, pueden sumergirse a una profundidad de 2.132 pies.

La clase Soryu presenta una cola en forma de X, según los informes para conseguir mayor maniobrabilidad al acercarse al fondo del mar. Esto maximiza su capacidad de maniobra en aguas poco profundas y litorales, en particular en los estrechos que rodean a Japón y que marcan las principales rutas de invasión.

Cada submarino tiene un mástil optrónico y un radar de exploración de superficie de baja cota ZPS-6,F para la detección de enemigos antisubmarinos (ASW) y buques de patrulla marítima. Como submarinos, sin embargo, el sensor principal es el sonar, representado por un conjunto Hughes / Oki ZQQ-7 que incorpora un array sonar de proa y cuatro laterales. También tienen un conjunto de sonares remolcados para la detección acústica trasera.

La clase Soryu monta seis tubos de torpedos de 533 milímetros montados en proa. Los torpedos son Type 89 pesados, con un alcance de veintisiete millas náuticas y una profundidad operativa máxima de 2.952 pies. Los tubos de torpedo son de diámetro estándar. Los Soryu también están armados con misiles Harpoon y pueden sembrar minas.

Los Soryus tienen sistemas de defensa activa, en forma de un conjunto de contramedidas electrónicas ZLR-3-6 y dos lanzadores bajo el agua de tres pulgadas para el lanzamiento de dispositivos de contramedidas acústicas. En el aspecto pasivo, todo el submarino está cubierto de mosaico acústico, para reducir tanto la señal a los sonares activos del enemigo como los sonidos del interior del barco.

Lo que hace a esta clase de buques más famosa es su sistema de propulsión, que le permite navegar a trece nudos en superficie y veinte sumergidos, propulsados por doce motores diésel Kawasaki 12V 25S y un motor eléctrico Toshiba en tándem.

Para su funcionamiento silencioso, cada submarino está equipado con cuatro sistemas de propulsión independientes del aire Stirling V4-275R Mk, licenciados por Suecia, que pueden potenciar al submarino bajo el agua hasta dos semanas. También hay rumores de que los últimos barcos construidos cambiarán sus unidades AIP por baterías de iones de litio.

Sin embargo, la clase de Soryu no es perfecta: una crítica importante que recibió en el concurso de adquisición australiano fue que su autonomía operativa es relativamente corta. Con sus 6.100 millas náuticas, no es una dificultad para su misión original: proteger las aguas de Japón. A 6.100 millas náuticas, el alcance de Soryu no es un problema para su misión original: proteger las aguas de Japón, pero con la Armada australiana, hubiera tenido que viajar 3.788 millas desde su base en HMAS Stirling para llegar a las proximidades de Taiwán, un viaje para el que necesitaría al menos una parada de reabastecimiento de combustible, y probablemente dos.

Para hacer frente a los requisitos australianos, los Soryus deberían alargarse de seis a ocho metros, con objeto de mejorar la habitabilidad de la tripulación y aumentar su alcance, pero la necesidad de modificar el submarino fue un inconveniente contra la oferta japonesa.

La combinación de furtividad, sensores, torpedos modernos torpedos y misiles hace que la clase Soryu sea un submarino de ataque efectivo. Sin embargo, Australia consideró que, pese a su eficacia, hubiera sido como un pez fuera del agua para su Armada.

Tan potente como esta clase, se espera un sustituto basado en ella en la próxima década. Japón está explorando vehículos submarinos no tripulados, y con ese fin, las comunicaciones subacuáticas y los métodos de transmisión de energía inalámbrica subacuática. ¿Cómo será el Hermano del Soryu?

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